A propósito de la convocatoria a Consulta por la Calidad Académica Universitaria hecha por la Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria
El mismo sostiene que la categoría “calidad de la educación” emerge históricamente como efecto de la reestructuración del capitalismo tras la crisis de los años setenta y la consolidación de la hegemonía del capital financiero. Argumenta que dicha noción fue importada desde la racionalidad empresarial hacia el campo educativo como parte de una operación ideológica orientada a regular costos, jerarquizar poblaciones y facilitar la mercantilización progresiva de la educación. En el tránsito del modelo keynesiano-fordista al neoliberal-globalista, fenómenos como la ruptura de la convertibilidad del dólar en 1971, la estanflación y la crisis petrolera de 1973 propiciaron la expansión del capital financiero hacia sectores históricamente protegidos por el Estado, entre ellos la educación.
El texto analiza cómo la narrativa neoliberal, articulada en torno al déficit fiscal, la privatización y la superioridad de lo privado sobre lo público, promovió reformas educativas basadas en estándares, evaluación, competencia y financiamiento condicionado por organismos multilaterales. En este marco, la educación fue resignificada como inversión en “capital humano”, desplazando su carácter de derecho social. Retomando los aportes de David Harvey, Wendy Brown, Michael Apple, Pablo Gentili, Adriana Puiggrós y Pierre Bourdieu, el artículo muestra que la retórica de la calidad operó como dispositivo de control ideológico, tecnología de reproducción de clase y mecanismo de subordinación de los sistemas educativos periféricos a estándares definidos por el norte global.
Para América Latina, la imposición de la evaluación de la calidad como condición de financiamiento consolidó una “pedagogía de la exclusión”, articulada a la crisis de la deuda externa y a los programas de ajuste estructural. La estandarización y los rankings no midieron capacidades abstractas, sino que legitimaron desigualdades socioeconómicas preexistentes. En consecuencia, el artículo propone resignificar la noción de calidad fuera de la racionalidad empresarial que la originó, redefiniéndola en términos de justicia social, inclusión, gratuidad, pertinencia histórica y desarrollo soberano de las fuerzas productivas. La pregunta por la calidad, concluye, no es técnica sino política: remite al proyecto de sociedad que la educación reproduce o transforma.
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